Si tuviera que hablar de él, mentiría: diría que es el amor de mi vida. Que lo esperé por universos enteros hasta que un día, contando las cicatrices del encuentro, dió conmigo.
Como todas las almas en pena, tardamos en reconocernos. Añadiendo malas historias a nuestro alrededor, hasta que un día el daño fue demasiado y superó al dolor. Él tomó su camino y yo el mío.

Sí... si tuviera que hablar de él, mentiría. Diría que era un pedazo del alma que perdí, y que él de alguna manera, siempre estará ligado a mí. Te contaría que el "nosotros" estuvo condenado desde la primera mentira que el corazón nos contó. Que nuestro "siempre" se atrevió a pertenecerse desde la primera vez que cruzamos palabra. Y a la vez, nunca estuvo escrito que fuéramos una historia que contar.
Si tuviera que hablar de él, te diría que nunca fue realmente importante, que era sólo una imagen, un recuerdo difuso de alguna otra dimensión, una especie de deja vù que me perseguía, como una grieta en la pared. Que él se hartó de mi esperanza y mi espera se hartó de él. Que el daño fue tal que rodamos al hastío paranóico que proyecta fantasmas en todos lados, evitando la realidad.
Si tuviera que decirte lo que siento por él, te mentiría. Te diría que fue mi todo, y ahora es un alma en pena que huele a ropero viejo y palabras enmohecidas. Te diría que soy sus grilletes en los tobillos y que está cansado de arrastrar cadenas por los rincones de mi memoria. Te diría que sus letras fueron importantes... alguna vez.
Que ama de mí, lo mismo que no sabe tolerar, y que el daño fue demasiado para siquiera retenerlo en la memoria.
Si me preguntaras por él, te mentiría: Te diría que no lo imaginé, que es real.




















































